Schadenfreude: génesis del Troll

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¿Alguna vez le jugaste una broma pesada a un compañero del colegio? ¿Expones opiniones o realizas comentarios con el único propósito de hacer enfadar a alguien?  ¿Te ríes hasta las lagrimas cuando ves vídeos de caídas en Youtube? ¿Eres insoportable con tus hermanitos menores? ¿Te da un “fresquito” cuando alguien que te cae mal comete una equivocación? Pues felicitaciones, esencialmente, ya eres un Troll.

La motivación del troll es simple: “4 the lulz”. Este slang de Internet traduce literalmente “por las risas”. Los trolls, por lo general, no buscan ninguna remuneración por su actividad más allá de la satisfacción emocional (en forma de carcajada) que obtienen al ver los resultados de su trolling o trolleo.

Éste no es un concepto nuevo, ni mucho menos nació con Internet (como algunos medios nos lo quieren hacer creer).

El espíritu del troll es antiguo como la humanidad misma y encuentra sus raíces en el concepto alemán del schadenfreude, término que designa el sentimiento de alegría creado por el sufrimiento o la infelicidad del otro. Básicamente es esa risita tonta tan irremediablemente humana que experimentamos cuando vemos esto:

Mientras que algunas risitas no le han hecho daño a nadie, algunas personas llevan esto hasta el extremo y es ahí cuando nace el troll: mucho tiempo libre sumado a la necesidad de exasperar a los otros para deleite personal. La mayoría tienen buenas intenciones y no resultan ser amenazantes, pueden resultar cómicos y hasta cariño les puedes tomar. Pero como en todo, hay ovejas negras allá afuera con otras intenciones, acosadores, personas violentas, personas a las cuales les pagan por insultarte y meterse en tu vida personal.

En este blog aprenderás a defenderte de esos últimos, aunque recuerda: la mejor arma contra un troll es que tengas la cabeza fría y sepas reírte de ti mismo.

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