El HT de la semana: #ÁlvaroMutis

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Adiós Álvaro. Una triste pérdida para la literatura hispanoamericana, Álvaro Mutis fue una de las más grandes influencias literarias del Siglo XX en Colombia.

La vida no le quedó debiendo nada: él vivió con ganas, vivió con gusto, quiso con gusto, tuvo gran cantidad de poetas y de escritores amigos, quiso mucho a sus amigos“, dijo Santiago Mutis, uno de los tres hijos de Mutis con su primera mujer, Mireya Durán, con quien estuvo casado 18 años,

Con la muerte tenía “una relación de amistad, yo creo que nadie está así preparado, pero en su obra uno ve cómo la trata (a la muerte), intenta hacerla una amiga, no le teme, la trata amorosamente porque sabe que allí está“, explicó Santiago.

Su labor literaria comenzó con la publicación de poemas y crítica literaria en el suplemento del diario El Espectador principalmente, como su colega Gabriel García Márquez. En 1947 publicó su primer poemario, La balanza, en colaboración con Carlos Patiños, y a partir de entonces empezó a publicar una obra limpia, que en su mayor parte se gestó lejos de su natal Colombia.

Alguna vez dijo que era escritor “por necesidad, para sobrevivir día a día el terrible mundo que habitamos”, fruto de las “caídas y debilidades del hombre que tan bien retrató Cervantes en El Quijote“.
Su relación con el nóbel García Márquez ha sido célebre por cuenta de las increíbles aventuras que experimentaron durante sus 30 años de vecindad en México. Tomado de  “Mi amigo Mutis” – Prólogo, por Gabriel García Márquez, pronunciado en ocasión de los 70 años de Álvaro Mutis:

Me preguntan a menudo cómo es que esta amistad ha podido prosperar en estos tiempos tan ruines. La respuesta es simple: Álvaro y yo nos vemos muy poco, y sólo para ser amigos. Aunque hemos vivido en México más de 30 años, y casi vecinos, es allí donde menos nos vemos. Cuando quiero verlo, o él quiere verme, nos llamamos antes por teléfono para estar seguros de que queremos vernos. Sólo una vez violé esta regla de amistad elemental, y Álvaro me dio entonces una prueba máxima de la clase de amigo que es capaz de ser.

Fue así: ahogado de tequila, con un amigo muy querido, toqué a las cuatro de la madrugada en el apartamento donde Álvaro sobrellevaba su triste vida de soltero y a la orden. Sin explicación alguna, ante su mirada todavía embobecida por el sueño, descolgamos un precioso óleo de Botero, de un metro y veinte por un metro; nos lo llevamos sin explicaciones e hicimos con él lo que nos dio la gana. Álvaro no me ha dicho nunca una palabra sobre el asalto, ni movió un dedo para saber del cuadro, y yo he tenido que esperar hasta esta noche de sus primeros 70 años para expresarle mi remordimiento.

Basta leer una sola página de cualquiera de ellos para entenderlo todo: la obra completa de Álvaro Mutis, su vida misma, son las de un vidente que sabe a ciencia cierta que nunca volveremos a encontrar el paraíso perdido. Es decir: Maqroll no es sólo él, como con tanta facilidad se dice. Maqroll somos todos.

Quedémonos con esta azarosa conclusión, quienes hemos venido esta noche a cumplir con Álvaro estos 70 años de todos. Por primera vez sin falsos pudores, sin mentadas de madre por miedo de llorar, y sólo para decirle con todo el corazón, cuánto lo admiramos, carajo, y cuánto lo queremos.

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